Dean se quedó mirando a la chica sin saber qué decir. Esa pregunta le había cogido tan por sorpresa como si al salir de la ducha en lugar de verla a ella hubiese visto a un pitufo.
- Qué?
- Lo que has oído.
- Por qué debería estar furioso contigo?
- Dean, el demonio se llevó a Sam delante de mis narices!!
- Sí, después de dejarte malherida y semiinconsciente. –dijo él sin levantar la voz.
Chris dejó el cepillo sobre su mochila y se acercó a Dean.
- Vamos Dean… Sé que estás furioso, sé que ahora mismo me odias más que a nadie en el mundo. Por qué no lo admites!?
- No, a la persona, si puede llamárselo así, a la que más odio en este mundo es a ese demonio. De acuerdo?
- Dios Dean, por favor!!!! Deja ya de ser tan cínico!! Pude haber hecho algo, y no lo hice! Pude haber echado a arder, haber gritado cuando le vi, haberte llamado, haber hecho algo más que quedarme paralizada!!!! Por favor, admítelo de una vez!!
- DE ACUERDO!! –estalló Dean- Qué es lo que quieres!? Que admita que pienso que es todo por tu culpa!! De acuerdo! Si no hubiésemos ido a Seattle nada de esto habría pasado, si no te hubiese acompañado a la librería, Sam seguiría aquí, y si tú hubieses sabido algo sobre cazar, probablemente habríais escapado los dos, heridos, pero juntos!!!
Chris se quedó mirándole mientras la gritaba, con los ojos llenos de lágrimas.
- Bien!! No era tan difícil!!
Dean se quedó mirando a la chica llorar desconsolada y se acercó a ella para abrazarla. La acurrucó entre sus brazos, y notó como ella se abrazaba a él con fuerza.
- Lo siento…
- No… -dijo ella entre sollozos.- Tienes razón, es culpa mía. Pude haber hecho algo…
- No, no pudiste! Y siento haber dicho todo lo que he dicho, de acuerdo? Por qué te crees que no fui ayer a verte cuando te oí llorar?
Ella le miró.
- Sí, te escuché. Pero no podía ir, no podía verte o te gritaría toda esa mierda que te acabo de gritar.
- No debí llamaros…
- Debiste hacerlo antes, Christine. Esto no es culpa tuya. El demonio habría cogido a Sam antes o después, lleva buscándole desde hace años. Al menos estás aquí, si se le hubiese llevado, dejándome solo… no habría sabido que hacer.
- Ódiame.
- No.
- Por qué?
- Porque ahora mismo eres lo único que tengo.
Aquella frase había sonado mucho más sería de lo que Dean había pretendido. Chris se hizo la sueca y se abrazó a él una vez más.
- Lo siento Dean.
- Está bien… Está bien. Conseguiremos esa espada, y salvaremos a Sam. Tú le mandarás un mensaje mental, de esos que os mandáis vosotros los raros. –dijo provocando una sonrisa en la chica- Y todo irá bien.
- De verdad lo crees?
- Necesito creerlo. Ahora vamos a dormir. Mañana nos espera un día duro.
La chica asintió y soltó a Dean avergonzada. Él la besó en la frente y se tumbó sobre el colchón plegable. Chris le pasó una de las almohadas y le dio un par de mantas que él aceptó sonriendo. Observó a la morena meterse en la cama, y quedarse en la orilla que estaba a su lado.
- Buenas noches. –le dijo ella.
- Descansa…
A la mañana siguiente, Chris se despertó y se asustó. Al abrir los ojos, vio el colchón plegable vacío, y las mantas y la almohada sobre un sillón. Se levantó y se frotó los ojos: los tenía un poco hinchados. Estaba a punto de llamar a Dean al móvil, cuando éste abrió la puerta con dos cafés y una caja de donuts. La morena sonrió cuando la llegó el olor de su café, con vainilla y chocolate.
- Espero que tengas hambre…
- Descuida.
Dean la alargó el café y puso la caja de donuts en la mesilla. Luego la pasó un par de bolsitas de té.
- Mi abuela se las ponía en los ojos cuando se la hinchaban.
Ella las cogió riendo.
- Gracias. Lo haré, porque me escuecen un poco.
- Lo imaginaba.
- Siento lo de…
- Donut de chocolate??
Chris se quedó mirándole desconcertada. Él sonrió ampliamente y ella entendió que había dado por zanjado el tema, lo cual agradeció.
- Siempre!
Después de desayunar, Chris conectó el portátil para comenzar a buscar datos sobre la Herringer. Se encontraba en el Fowler Museum de UCLA, al menos ésa era la teoría, ya que Chris estaba visitando virtualmente todas sus salas y no la localizaba en ninguna de ellas.
Después de repasar la lista de reliquias del museo y visitarlo virtualmente dos veces más, se dejó caer sobre la cama.
- Ocurre algo? –preguntó Dean, que estaba preparando las armas.
- Creo que vamos a tener que entrar en la UCLA para saber si realmente la Herringer está allí. Pero para entrar en el museo sin guía piden el carnet de estudiante.
- No hay problema.
Dean cogió la chaqueta y se la puso bajo la atenta mirada de Christine.
- A dónde vas?
- Dame una foto tuya.
- Qué?
- Dame una foto!
Chris sacó su cartera y le pasó una foto de carnet.
- A dónde diablos vas?
- A conseguirte un carnet de estudiante de la UCLA.
Un par de horas más tarde, Dean entraba por la puerta de la habitación. Chris estaba frente al ordenador con expresión de satisfacción.
- Ya estás viendo porno?
- No, pero me siento igual que si acabase de tener un orgasmo…
Dean se echó a reír. Ella se giró para mirarle.
- Sé donde está la Herringer.
Él se sentó sobre la cama, escuchándola.
- En el Fowler hay una sala secreta. Durante su construcción, en 1963, pensaron que debería haber una cámara para guardar los objetos de mayor valor. Por un fallo técnico, esa sala quedó completamente cerrada, no había forma de acceder a ella, hasta que un par de años más tarde, un hombre llamado Matthew O’Bryan, decidió que podía ser un buen lugar para guardar reliquias codiciadas por seres no humanos.
Dean se quedó mirándola sin entender.
- Y el croquis?
Ella resopló.
- Pues que el bibliotecario realizó un conjuro para hallar la sala, abrió una puerta y después la ocultó bajo otro hechizo para guardar allí reliquias que pueden acabar con la vida de algunos demonios y demás bichos. Mejor?
- Ves? Así nos entendemos todos!!
Chris le dio en el brazo, haciéndose daño en el vientre al estirarse.
- Aah!
- Hey! Estás bien? –preguntó Dean arrodillándose junto a ella.
- Sí… es sólo que aún duele, ya sabes.
- Quizás esto te haga olvidarte un poco de dolor
Dean sacó del bolsillo de su cazadora un carnet con la foto de la morena: estudiante de UCLA. Rama: filosofía. Chris se quedó mirando el carnet alucinada. Lo cogió para mirarlo de cerca.
- Tú eres un delincuente!!
Dean se echó a reír y se levantó.
- Y tú? No te has hecho uno?
- No tenía fotos encima. –dijo riendo- Además, con que lo enseñes tú ya valdrá, no? Asumirán que yo soy estudiante también.
- Esperemos…
Alguien golpeó la puerta.
- Señor Forrenger?? Han de abandonar la habitación!
- De acuerdo, ya nos vamos! –gritó Dean.
- Forrenger?
Él la miró contrariado.
- Vale, ya me callo…
Ambos cogieron sus cosas y salieron de la habitación. El tipo de la noche anterior estaba esperando fuera. Se despidieron con un débil “adiós”, y subieron de nuevo al Impala.
Camino de la universidad, a Chris la llamó la atención escuchar a Dean cantando. De nuevo iban en silencio, pero ya no existía esa tensión, ese ambiente tirante… Dean cantaba cómodamente mientras Chris trabajaba en sus libros sobre poder mental. De repente, ella se quedó mirándole y él se giró para mirarla.
- Estás pensando en mí? –la preguntó extrañado.
Ella le miró, muy contenta.
- Lo has notado??
- Bueno no sé… era una especie de sensación, como cuando te pitan los oídos.
- Estaba pensando que me gusta como cantas esta canción. –dijo ella sin importancia- Lo has notado? De verdad lo has notado??
Dean sonrió al escuchar aquello y asintió enérgicamente. Ella miró de nuevo para delante y sonrió plenamente.
- Entonces puedo hacerlo… Puedo conseguirlo!! Si practico y realizamos el hechizo adecuado podré mandar el mensaje a Sam. No está todo perdido… -suspiró ella con alivio.
- Nunca lo ha estado pequeña.
- Vas a empezar a llamarme pequeña tú también?
- Sam me contagió.
- Bueno tú al menos tienes motivos, me sacas 4 años…
Dean se echó a reír. Desde que le conocía, Christine no le había escuchado emitir una carcajada como aquella. Y dado el momento por el que estaban pasando… Estaba segura de que era bueno que rieran un poco...








